Llegó el momento de morir para el científico centenario Goodall

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El científico más longevo de Australia, de 104 años, quiere tener una muerte digna y no tiene ganas de esperar.

"Ya no quiero vivir más", dijo Goodall a una audiencia de decenas de periodistas y equipos televisivos abarrotados en una pequeña habitación de un hotel situado en Basilea (norte).

"Me siento feliz de tener la posibilidad mañana de terminar con esto, y aprecio la ayuda de la profesión médica de aquí que lo hace posible", confesó a los medios de comunicación en esta ocasión.

Cuando se le preguntó si eligió alguna música para escuchar en sus últimos momentos, dijo que no había pensado en eso.

"Pero si debo escoger algo, pienso que podría ser el movimiento final de la Novena sinfonía de Beethoven".

Ahora el hombre está en una clínica de asistencia al suicidio en Suiza, donde su vida tiene fecha de caducidad: el próximo 10 de mayo. "Hubiera preferido que esto [terminara] en Australia y lamento mucho que Australia esté por detrás de Suiza en lo que respecta a leyes sobre el derecho a morir", afirmó.

En una entrevista previa, Goodall dijo que apreciaba el interés del público y esperaba que su caso suscitara un debate sobre el suicidio asistido. Ya no quiero continuar la vida.

El profesor Goodall, investigador asociado honorífico de la Universidad Edith Cowan de Perth, saltó a la fama en 2016 cuando esta entidad le pidió que abandonara su puesto, alegando los riesgos ligados a sus desplazamientos a causa de su edad.

El suicidio asistido, o eutanasia, es ilegal en la mayoría de países del mundo. La legislación entrará en vigor en junio de 2019 y sólo se aplicará a enfermos terminales en sus cabales que tengan una expectativa de vida de al menos seis meses.

De acuerdo con la ley suiza, cualquier persona lúcida y que desde tiempo atrás haya expresado su deseo de poner fin a su vida puede pedir lo que se llama la muerte voluntaria asistida (MVA).

"Es mi propia decisión terminar mi vida mañana (.) Hay muchas cosas que me gustaría hacer, pero es demasiado tarde".

Pero como la sustancia es alcalina y arde un cuando se ingiere, Eternal Spirit optó por una infusión intravenosa.

Un profesional le instala la aguja para la inyección, pero es el paciente quien debe abrir la válvula para que el eficaz barbitúrico se mezcle con la solución salina y empiece a fluir por sus venas.

La asociación Exit International, que respaldó a Goodall, dijo que era injusto que uno de los "ciudadanos más ancianos y prominentes estén obligado a viajar al otro lado del mundo para morir con dignidad".

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