Comió una babosa por una apuesta con sus amigos y quedó tetrapléjico

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Todavía hoy pelea por recuperarse.

Sam Ballard tenía 19 años cuando su vida dio un giro inesparado. "¿A que no te la comés?", le dijeron y esa tontería le arruinó la vida para siempre. Sin embargo, lo que pensó que sólo iba a generarle un poco de asco, terminó en tragedia: comenzó a sentirse mal y tuvieron que llevarlo al hospital, donde le diagnosticaron que se había infectado con un parásito conocido como Angiostrongylus cantonensis. Tal como explica Fox News la mayoría de los que padecen esta infección no tiene síntomas y mucho menos una afección cerebral, pero a Sam le causó una meningoencefalitis eosinofílica y quedó en coma durante más de un año.

Por más de 400 días, Sam quedó tetrapléjico y no podía valerse por sí mismo.

Su madre tenía la esperanza de que poco a poco volviera a caminar y hablar de nuevo, pero con el paso del tiempo la perdió. Su hijo logró salir del hospital tres años después, en silla de ruedas, obligado a ser alimentado por un tubo y con la necesidad de que alguien lo cuide las 24 horas del día.

Con dolor, Katie reconoció que su hijo "está devastado, cambió su vida para siempre y también cambió mi vida para siempre". Paralelamente, recibe un subsidio del Gobierno australiano de 135.000 dólares anuales, que no alcanza para cubrir sus gastos básicos. "Es enorme. El impacto es enorme".

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